sábado 4 de julio de 2009
Apología de la distancia
jueves 2 de julio de 2009
Why, Why, Why
La gripe asesina es invisible
Mohamed le podría haber dicho al fantasma de Dalila Mimouni lo que Rafael Alberti al de Federico García Lorca: no has tenido tu muerte, la que a ti te tocaba. Porque da la impresión de que el destino de esa joven de 20 años, que había venido a España desde Marruecos, hace 18 meses, a buscar una vida mejor, no era el de acabar sus días en el hospital Gregorio Marañón y saltar a los titulares más negros de los periódicos como la primera víctima del virus H1N1. Entrar en un hospital es meterse en un laberinto al que unas veces los médicos le encuentran la salida, y otras veces no. Ése fue el caso de Dalila, esa chica con nombre de canción a la que ahora se le ha puesto fúnebre la música, my, my, my, Delilah / why, why, why, Delilah. / I could see that girl was no good for me / but I was lost like a slave that no man could free, eso se repetirá Mohamed, su marido español, pero sin pasar nunca de los dos primeros versos, mi, mi, mi Dalila, por qué, por qué, por qué...
Mohamed no entiende qué ha pasado, por qué es viudo a los 21 años; por qué los doctores no fueron capaces de curar a su esposa; por qué una enfermedad tan pequeña como una gripe acaba con una atleta llena de salud; por qué la mandaron una y otra vez a casa cuando casi no podía ni andar; por qué no vieron esa maldita gripe que es noticia de primera plana desde hace tanto tiempo, ese maldito virus H1N1... "No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba. / Malamente, a sabiendas, equivocó el camino. / ¿Adónde vas? Gritando, por más que aligeraba / no paré tu destino". ¿A sabiendas? ¿Tu destino? No, hay algo que no encaja.
Mohamed llevó demasiadas veces al hospital a Dalila, y tal y como él lo cuenta, parece raro que un paciente pueda ir en tres ocasiones a urgencias, que no lo ingresen y que a la cuarta lo manden directamente a la UCI, pase ahí 15 días y no sobreviva. Él dice que su mujer no podía ni andar, que tenía casi 39 grados de fiebre y que, con todos esos síntomas, le recetaron paracetamol y un antibiótico para la tos; que volvió a llevarla, le hicieron unas pruebas y volvieron a darle el alta con un diagnóstico que hablaba de una crisis asmática y una infección respiratoria. Y no era eso, y la muerte que no era suya se llevó de este mundo a esa muchacha que estaba embarazada y vivía en Moratalaz y apenas hablaba español y le gustaba correr y competía en 1.500 metros y su madre se llamaba Aziza y su hijo se llama Ryan pero nada más, porque ya no habrá más íes, ni más futuro mejor, why, why, why, Delilah.
Dicen en la Comunidad de Madrid que la sanidad madrileña funciona como un reloj, que no hay listas de espera ni enfermos en los pasillos. Pero Delila nunca verá a su hijo Ryan. Pero su marido, que estudiaba para policía local, está tan destrozado que dice que va a dejar de ir a la academia. Pero uno lee en los diarios que la gente que no debería de morir se muere, y a la gente que no puede parar de morirse se le quiere negar el derecho a hacerlo sin dolor, con los menores padecimientos posibles, qué más da, si uno tira la bomba en el Severo Ochoa, deja algunas reputaciones rotas y luego se va a la playa.
Pues miren, no, la verdad es que no, que esto no funciona y que es raro que algo tan presente a simple vista como el maldito virus H1N1 sea invisible bajo los microscopios. Pero no creo que se preocupen demasiado por este tema, la víctima es demasiado humilde y si la cosa se complica, le echarán la culpa a los médicos, que sin duda no han hecho bien su trabajo, como antes se la echaron a los policías que no encontraban a Al Qaeda en el 11-M, o a los militares que no les aplaudían la coartada del Yak 42, etcétera. La negligencia es terrible, porque a menudo acaba en un ataúd, pero ¿dónde tiene el principio? A lo mejor en la falta de medios. A lo mejor en el exceso de trabajo. A lo mejor lo peor está aún por llegar, si en todos los casos de gripe asesina que vengan se va a actuar del mismo modo.
lunes 29 de junio de 2009
La semblanza entera
Cuando alguien me pregunta quién es Joaquín Sabina,
respondo que un cantante que, además, es mi hermano;
y hablo de su talento, su risa sin esquinas
su popurrí de mago y artesano.
Es un hombre que hiere susceptibilidades
cuando dice que a la hora de escribir un poema
nunca hay cosas más ciertas que las medias verdades
ni mejor oración que la blasfema.
Si se trata de ser culto,
él jamás escurre el bulto:
fui con él a un after-hours
a tomar la última copa
y me citó a Schopenhauer
al lado del guardarropa.
Siempre ha considerado, si hablamos de comer,
la manzana de Newton, peor que la de Eva.
Y si se pasó un poco, lo hizo por aprender:
es de los que no opina si no prueba.
Sé que quiso a las drogas, pero ya no están juntos,
aunque ni él mismo sabe quién ha dejado a quién.
Luego un marichalazo vino a poner los puntos
sobre las íes y un dedo en la sien.
Sintiéndose moribundo,
se quiso borrar del mundo,
y se durmió en los laureles
cuando más soplaba el viento:
mire usted qué mal momento
para perder los papeles.
No encontraba remedio en ningún botiquín
y ni en sueños quería pisar los escenarios:
al hombre cabizbajo se le cae el bombín,
mientras que lee los obituarios.
Pero aprendió la lección
y venció a la depresión.
Y hoy ya es capaz de ser otro
sin dejar de ser quien era.
La vida es igual que un potro:
si la domas, no es tan fiera.
Así que nada ha perdido
y aún es el que siempre ha sido:
alguien que no echa en tu plato
fritangas de sentimientos,
pasiones de economato,
moralejas con descuento.
Un santo que una noche vio a Dios dentro de un bar.
Un abogado que habla del diablo en los juzgados.
Un médico que quiere que vuelvas a fumar.
Un cura que te aplaude los pecados.
Un bailarín que sabe cómo dar un mal paso.
Un ateo que reza a la Virgen del Burdel.
Un anarquista que usa la ley de posavasos
y las banderas blancas de mantel.
Como escritor de canciones
son claras sus intenciones:
ser Lorca con gafas negras,
César Vallejo con banda,
Paul Celan con matasuegras,
Kafka en sábanas de Holanda.
Maestro de desengaños,
hace casi 30 años
nos robó los corazones,
y eso, no lo digo en broma
-ni que ha escrito las canciones
más bellas de nuestro idioma.
Cuando alguien me pregunta quién es Joaquín Sabina,
respondo que un cantante que, además, es mi hermano.
Su casa, para mí, siempre fue una oficina.
La llave de la mía, siempre estará en su mano.
domingo 28 de junio de 2009
Armonía
Mientras ese ser humano rebajado a la categoría de alimaña por los agentes de aduanas, o como se llamen, va de regreso a Dakar, atado de pies y manos, los internautas discuten, a propuesta de este periódico, qué apodo habría que ponerle a la nueva estación de metro de la Puerta del Sol; unos proponen el invernadero, otros la tortuga, cristasol, la ballena, el iglú, la bodega y hasta la cueva de los ladrones de Alí Babá... Tal vez podríamos llamarla Eldorado; ya saben, el kilómetro cero de esa tierra próspera, llena de oro y felicidad, con la que sueñan los conquistadores humildes de nuestro tiempo, los que en lugar de buscar la riqueza sólo buscan la supervivencia, esos mismos a los que unos policías legalmente brutales tiran al suelo, pisan, inmovilizan con esposas, con cuerdas, las manos a la espalda, las muñecas amarradas, las piernas hacia arriba, elevadas armónicamente con unas correas tensas por encima de la línea de la dignidad. ¿Y el resto de las personas que aparecen en el vídeo? Esos operarios vestidos con chalecos amarillos, ¿por qué no hacen nada? ¿Por qué están ahí, quietos, mirando a esa persona tirada en el suelo gris de la pista, con la cara pegada al asfalto, al pie del avión, maniatada, atenazada por la rodilla de uno de sus guardianes? Por algún motivo, al ver esa filmación, benditos sean los teléfonos móviles, Juan Urbano la ha comparado con otras imágenes en las que la policía detiene con infinito cuidado, como debe ser, a cargos públicos acusados de robar millones, por ejemplo. ¿De qué se acusa al inmigrante senegalés? ¿De querer huir de la miseria?
La policía dice que el inmigrante detenido en Barajas tenía antecedentes, que trató de impedir violentamente su repatriación y que en su detención se siguió en todo momento el protocolo. Qué horror, esa palabra, protocolo, clavada en medio de esa escena degradante que a quienes degrada es a los supuestos guardianes del orden, y que tanto se parece a otras secuencias que acabamos de ver por la televisión, esas en las que se ve a unos mossos d'esquadra pegando a un detenido; o esas otras en las que los policías agreden sin contemplaciones, aunque quizá también dentro de los límites del protocolo, a una mujer semidesnuda. Si esa cara oscura de la ley ha salido a la luz esas tres veces, podemos imaginar otras muchas en las que los abusos habrán quedado entre las cuatro paredes de la comisaría, o en el silencio espantoso en que se pierden las cosas que nadie ha visto y nadie puede contar.Mala época ésta, en la que la falta de trabajo y los problemas económicos hacen mirar a todo el mundo alrededor para encontrar rivales en la búsqueda de un empleo o a la hora de recibir una ayuda; y justamente por eso es por lo que las autoridades deberían de ser más cuidadosas que nunca, porque uno de los peligros de que haya cuatro millones de parados es la xenofobia, que se extienda por el país la idea de que los que vienen de fuera lo hacen para llevarse lo que no hay. Ver lo que ocurrió en Barajas es una lección, sobre todo si lo que ve uno en el suelo es a un ser humano con los mismos derechos, al menos, que los ladrones de guante blanco y los políticos acusados de corrupción. Pero si ves lo mismo que veían los agentes que lo maltrataban antes de expulsarlo del país, mala cosa. Mala cosa para todos.
miércoles 24 de junio de 2009
Sabina recibe el Julián Besteiro y la semblanza de Prado
Benjamín Prado también posó, en exclusiva para el blog, con el premio que recogió Joaquín Sabina.
Cuando alguien me pregunta quién es Joaquín Sabina,
respondo que un cantante que, además, es mi hermano;
y hablo de su talento, su risa sin esquinas
su popurrí de mago y artesano.
Es un hombre que hiere susceptibilidades
cuando dice que a la hora de escribir un poema
nunca hay cosas más ciertas que las medias verdades
ni mejor oración que la blasfema.
Si se trata de ser culto,
él jamás escurre el bulto:
fui con él a un after-hours
a tomar la última copa
y me citó a Schopenhauer
al lado del guardarropa.
Siempre ha considerado, si hablamos de comer,
la manzana de Newton, peor que la de Eva.
Y si se pasó un poco, lo hizo por aprender:
es de los que no opina si no prueba.
Sé que quiso a las drogas, pero ya no están juntos,
aunque ni él mismo sabe quién a dejado a quién.
Luego un marichalazo vino a poner los puntos
sobre las íes y un dedo en la sien.
Sintiéndose moribundo,
se quiso borrar del mundo,
y se durmió en los laureles
cuando más soplaba el viento:
mire usted qué mal momento
para perder los papeles.
No encontraba remedio en ningún botiquín
y ni en sueños quería pisar los escenarios:
al hombre cabizbajo se le cae el bombín,
mientras que lee los obituarios.
Pero aprendió la lección
y venció a la depresión.
Y hoy ya es capaz de ser otro
sin dejar de ser quien era.
La vida es igual que un potro:
si la domas, no es tan fiera.
Así que nada ha perdido
y aún es el que siempre ha sido:
alguien que no echa en tu plato
fritangas de sentimientos,
pasiones de economato,
moralejas con descuento.
Un santo que una noche vio a Dios dentro de un bar.
Un abogado que habla del diablo en los juzgados.
Un médico que quiere que vuelvas a fumar.
Un cura que te aplaude los pecados.
Un bailarín que sabe cómo dar un mal paso.
Un ateo que reza a la Virgen del Burdel.
Un anarquista que usa la ley de posavasos
y las banderas blancas de mantel.
Como escritor de canciones
son claras sus intenciones:
ser Lorca con gafas negras,
César Vallejo con banda,
Paul Celan con matasuegras,
Kafka en sábanas de Holanda.
Maestro de desengaños,
hace casi 30 años
nos robó los corazones,
y eso, no lo digo en broma
-ni que ha escrito las canciones
más bellas de nuestro idioma.
Cuando alguien me pregunta quién es Joaquín Sabina,
respondo que un cantante que, además, es mi hermano.
Su casa, para mí, siempre fue una oficina.
La llave de la mía, siempre estará en su mano.
Audio de la semblanza(se oye algo mejor que el vídeo):
Audio de las palabras de Sabina al recoger el premio :
Audio de las palabras de Cándido Méndez para Sabina:
lunes 22 de junio de 2009
Benjamín Prado el marsista
sábado 20 de junio de 2009
Semblanza de Sabina


